Los conflictos emocionales y los traumas deben ser abordados desde una perspectiva holística que integre tanto la mente como el cuerpo. A través de las somatizaciones, el cuerpo brinda información valiosa (postura, gestos, forma de respirar, expresiones sonoras y visuales) que complementa o incluso supera la comunicación verbal, revelando tensiones y bloqueos vinculados a emociones no procesadas. Escuchar estos mensajes corporales permite liberar bloqueos y tensiones musculares. Para restablecer el equilibrio entre mente y cuerpo, las memorias y cargas emocionales disociadas deben ser reconocidas, liberadas e integradas.

El sistema nervioso y sus funciones

El equilibrio entre la mente y el cuerpo está regulado principalmente por el sistema nervioso (SN), compuesto por el sistema nervioso central (SNC) y el sistema nervioso periférico (SNP). Dentro del SNP, el sistema nervioso autónomo (SNA) regula funciones automáticas y se subdivide en dos ramas esenciales para mantener la homeostasis del cuerpo: el sistema simpático y el parasimpático.

  • Sistema simpático: Prepara al organismo para situaciones de estrés o peligro, aumentando la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que permite una respuesta rápida ante amenazas. La sangre se desvía de los órganos digestivos hacia el cerebro y los músculos. Una vez superada la amenaza, las hormonas como la adrenalina y noradrenalina liberadas son eliminadas lentamente por el hígado.
  • Sistema parasimpático: Restablece la calma y el equilibrio tras la amenaza, reduciendo la actividad fisiológica y promoviendo la relajación, la digestión y otras funciones vitales que conservan la energía. La disminución del flujo sanguíneo a los músculos permite que la piel se caliente y los ojos se adapten a la visión cercana mediante la contracción de las pupilas.

Las respuestas del SNA, según las condiciones del entorno, están reguladas por el nervio vago, el nervio craneal más largo, que conecta el tronco encefálico con órganos clave como el corazón, pulmones, estómago e intestinos.

Teoría polivagal: Una comprensión más profunda del SN

La Teoría Polivagal, desarrollada por el Dr. Stephen W. Porges, aporta una visión más detallada del SNA al describir tres subsistemas jerárquicos que regulan nuestras respuestas neurobiológicas ante estímulos externos, asegurando la seguridad y supervivencia:

1. Rama parasimpática ventral: Facilita la conexión social y la interacción genuina en compañía de otros, creando un entorno de seguridad y bienestar relacional.

2. Sistema simpático: Se activa en momentos de peligro, generando alerta y excitación. Aunque útil en emergencias, su activación prolongada provoca tensión muscular y dificultad para relajarse.

3. Rama parasimpática dorsal: Ante amenazas extremas o indefensión, induce una respuesta de inmovilización o «congelación«. Si este estado se prolonga, puede generar bloqueos emocionales, falta de motivación y una sensación de parálisis física o mental.

El impacto del trauma en el SN

Los traumas psicológicos alteran la capacidad de autorregulación del SN, oscilando entre dos respuestas: (1) hiperactivación, donde la persona experimenta estrés y ansiedad constantes, e (2) hipoactivación, que puede llevar a la depresión y desconexión emocional. Aunque estas respuestas son adaptativas durante el trauma, se vuelven disfuncionales si persisten en entornos seguros, dificultando la regulación emocional y física.

Tratamiento del trauma con la terapia psicocorporal

El enfoque psicocorporal en el tratamiento del trauma implica tres fases clave que restauran el equilibrio físico y emocional:

1. Trabajo corporal:

Mediante ejercicios de tensión y relajación, como los que ofrece la terapia bioenergética, se liberan las emociones atrapadas en el cuerpo. Estas técnicas actúan sobre las áreas somatizadas del trauma, permitiendo una liberación tanto física como emocional.

2. Toma de conciencia y reestructuración cognitiva:

En un entorno psicoterapéutico seguro, el individuo procesa el trauma dentro de su «margen de tolerancia» entre la hiperactivación y la hipoactivación, reorganizando la información traumática en forma de recursos y reinterpretando su significado en niveles cognitivos, emocionales y sensoriomotrices.

3. Restauración de la autorregulación organísmica:

El objetivo final es reactivar la rama parasimpática ventral del SNA, lo que facilita la autorregulación y una recuperación completa. La reconexión psicoemocional es esencial para que la persona vuelva a sentirse segura en su cuerpo y entorno.

Conclusión

La terapia psicocorporal ofrece una vía efectiva para tratar el trauma integrando mente y cuerpo. El equilibrio entre la hiperactivación y la hipoactivación del SN es crucial para evitar la cronificación de estados de alerta o desconexión emocional. Mantener la conexión social es clave para transformar muchos malestares que no pueden resolverse únicamente a nivel cognitivo.

El cuerpo, como depósito de memorias y emociones no procesadas, es un elemento crucial en la recuperación. Al liberar las tensiones físicas y emocionales, la terapia psicocorporal desbloquea los recursos internos necesarios para una transformación profunda, restaurando la autoconfianza, la conexión social y, finalmente, la armonía entre mente y cuerpo.

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